Cine/Películas

Crítica de “Objetivo: La Casa Blanca”

El Presidente de los Estados Unidos está en peligro, y con él la seguridad de todo el país. Con esta premisa tan socorrida en tiempos pasados, Antoine Fuqua, director de míticas cintas de acción como “Asesinos de reemplazo” o la aclamada “Training Day”, nos trae otra producción del género que bebe de las aguas de otros títulos de acción de los ’80 o ’90 como pueden ser “Alerta Máxima”, “La jungla de Cristal” o “Air Force One”. ¿El resultado? A todas luces, insatisfactorio. Se acerca más a bodrios como esta última película citada que a la joya que catapultó a la fama a Bruce Willis. Ya es mala suerte, porque tanto casting como dirección son de una calidad suficiente para deleitar al respetable con un entretenimiento palomitero de calidad.

El agente del Servicio Secreto Mike Banning (Gerard Butler, “300”, “Gamer”) deja su puesto como escolta del Presidente de los Estados Unidos (Aaron Eckhart, “El Caballero Oscuro”, “Gracias por fumar”) tras un terrible accidente y se traslada al Departamento del Tesoro. Pero, cuando un comando norcoreano entra en la Casa Blanca y retiene al Presidente y a sus miembros como rehenes, él se pone manos a la obra para matar a los malos y salvar a la amada Estados Unidos de América y del “mundo mundial”.

Argumento escrito en el tamaño de una servilleta que cuando deja a un lado su desafortunado guion logra entretener -buenos tiros y colección de cadáveres por doquier- pero cuando éste lo retoma se convierte en una soberana castaña. Algunos chistes, propios de las buddy movies, tienen su aquel, pero sin duda alguna los más efectivos son los involuntarios. Derrocha tan sonrojante patriotismo yanqui el libreto, que uno no puede evitar el partirse el ojete ante situaciones como la protagonizada por la secretaria de defensa a punto de ser ejecutada y que empieza a gritar consignas patrióticas a lo “DIOS BENDIGA AMÉRICA” mientras es arrastrada por el suelo. No parecen escritas con afán de hacer reír, pero las carcajadas en la sala fueron sonoras ante tal desfile de arengas bochornosas y primerísimos primeros planos de barras y estrellas.

Los efectos especiales, mejorables. Cuando dejan a un lado el ordenador, la acción se plasma con solvencia; cuando intentan hacer más allá de lo que se podían permitir con el presupuesto, la pifian. Esas escenas con los cazas y el avión terrorista sacados de la Playstation, lamentables. Pero bueno, a la hora de entrar en la acción de la vieja escuela, cumple de sobra.

Y que esa acción cumpla se debe a la experiencia de Antoine Fuqua en estas lides, y a Gerard Butler, un actor de calidad para este género y que desgraciadamente considero de un talento muy desaprovechado. Le faltan más papeles con enjundia para exprimir sus virtudes. Tiene físico, pega leches como los héroes ochenteros, dispara con estilo y no es ni mucho menos un “cara palo”. A gente con menos crédito les han ofrecido más oportunidades y este hombre arrasó con Leonidas. Lo dicho, espero verte protagonizar otro sonoro pelotazo. En cuanto a Aaron Eckhart y Morgan Freeman, con el piloto automático. Actuaciones correctas para reclamo en las taquillas a cambio de un bonito sueldo. Ashley Judd -el tiempo no perdona a nadie, ni siquiera a las más bellas-, pasaba por ahí.

Lejos “Asesinos de reemplazo” y a años luz de “Training day” en cuanto a calidad se refiere, “Objetivo: La Casa Blanca” es un mejorable filme para ser visto en la pantalla grande y no esperarse a su visionado desde otros formatos más económicos. Muy regulera.

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