Diseño/Moda/Pensamientos/Tribus urbanas

Vol. III: SHOS CHONIS

Concluimos, por ahora, este serial con la tribu urbana, ya que no podríamos denominarlo grupo cultural, de los CHONIS. Esta sub-especie humana es una de las más conocidas, ya sea para bien o para mal, gracias a realities como ‘Jersey Shore’, sus ediciones británica y española, ‘Mujeres y hombres y viceversa’ y ‘¿Quién quiere casarse con mi hijo?’. Desgraciadamente, os relato este decálogo de forma muy profunda ya que, en mis tiempos jóvenes, experimenté en mis carnes el chonismo. Todos tenemos un pasado oscuro. Incluso yo.

Los chonis surgieron en la época de los 90 (época turbia que debemos olvidar) cuando la música electrónica y el tunning empezaban a llegar a nuestro país.  Multitud de jóvenes de las grandes ciudades se enamoraron del ‘chunda, chunda’ más básico y las grandes discotecas se lucraron a su costa. Tanto en la capital como en Barcelona, las salas de fiesta crecieron en número cual setas en Otoño. Nació la sala Pont Aeri, imborrable en la mente de algunos, y Radical con su naranja butano.

La música que allí se escuchaba se denominó bakalao -no me preguntéis por qué, nunca lo he entendido- y de ahí surgieron sus adeptos, los bakalas. Vestidos con cazadoras bomber (acordaos de su definición en El Vocabulario de la Moda) de la marca Chevignon y chándals de Nike, bailaban espídicamente, debido también a la cantidad ingente de drogas que se calzaban antes de entrar, al ritmo de los mejores Dj’s del momento.

Y de los bakalas surgieron los bakalitas. El término quedó en desuso y se adoptaron otros como kies, canis o chonis. Concretamente, el de Choni procede de una de las series que marcaron nuestra infancia, ‘Los Serrano’, en la que uno de los personajes retrataba a esta tribu urbana. Su nombre era Choni.  Dependiendo de la comunidad autónoma, se les denomina de una manera: en Madrid, por ejemplo, se les llama pokeros, debido a su pasión por la música poky. Los chonis modernos, es decir, los que surgieron a partir de final de los 90, cambiaron un poco su atuendo, añadiendo prendas más modernas.

Es mucho más facil, y barato, transformarse en choni que en preppie o hipster, asi que a continuación os doy las claves para ser “Er mas shulo der barrio“. Espeluznante pero…comencemos:

Respecto al modo de vestir, el estilo de los chonis es muy simple de analizar. Los adjetivos que mejor lo definen son BARATO y HORTERA, tanto para chicos como para chicas. Los chicos suelen tirar de vaqueros, sudaderas y deportivas aunque, en los últimos años, las camisetas con escote, CON ESCOTE, han poblado los torsos de los chonis. ¿Estaremos ante una nueva tribu, procedente de los platós de Telecinco? Me da que sí.  Para abrigarse ese pecho descubierto, suelen usar sudaderas de capucha con estampados, estrellas o letras.

Por otro lado, las chicas son más graciosas de comentar. Empecemos por abajo, por los pies. Suelen calzar manoletinas y su armario está lleno de ellas  EN TODOS LOS COLORES. En invierno, emulan al Yeti con botas de pelo. Eso sí, no es pelo natural, sino sintético. Seguimos subiendo: los leggins que dejan poco a la imaginación y faldas tan cortas que podrían confundirse con cinturones cubren sus piernas. Para enseñar cacha optan por camisetas ombligueras (herencia del PSOE, digo….de los 90) o cualquiera que deje sus riñones y sus pechos al descubierto.

Si los chicos son dados a elegir las estrellas como estampados, las chicas se vuelven locas con el leopardo.  Ya sea en pendientes, diademas, camisetas, pantalones o accesorios, este print animal está presente en toda choni de bien.  Si seguimos escalando la anatomía estilística de esta tribu urbana, llegamos a la cabeza, lugar donde su imaginación fantasea y crea peinados y maquillajes rocambolescos, por decir algo.

Ya que muchas se dedican, como vocación soñada, al noble oficio de la peluquería, están muy familiarizadas con los productos de belleza, aunque sea para mal, y en su  neceser encontrarás: laca, muchas horquillas, un cardador, coletas y una plancha de pelo. ¿Para qué? Para poder planchar sus larguísimas extensiones, poder hacerse tupés que harían sombra al de Elvis y para construir moños gigantescos, al estilo de la difunta Amy Winehouse. Para terminar su sesión de chapa y pintura, suelen aplicarse una densa capa de base de maquillaje para tapar sus imperfecciones cutáneas, si bien eso no hace más que empeorar el estado de su piel. Tras dejar su piel como si se hubieran bañado en Risketos, aplican eye liner en sus ojos, extendiendo el rabillo final hasta límites desconocidos para el hombre.

Tras terminar de analizar el estilo femenino, podemos extraer un denominador común de ambos sexos:  las joyas de oro, los piercings y los rosarios.  Tanto chicos como chicas llevan cadenas y cordones de oro colgados al cuello al nivel de Mister T, del equipo A.  Sus manos y orejas también lucen adornos de este metal, como los famosos aros rizados donde fácilmente podría colgarse un loro.

La mayoría de los jóvenes chonis proceden de los suburbios de las grandes capitales de provincia, barrios como Villaverde. Defienden sus orígenes a muerte, subrayando su procedencia obrera y poco acomodada, aunque luego con su ideología un tanto facha lo tiren todo por tierra: probablemente sea porque no saben lo que significa ni una cosa ni la otra.

Cuando no están pegándose con otros chonis o insultando a los pijos (contra los cuales procesan un odio incomprensible) se dirigen en manada a las macrodiscotecas, donde escuchan reggaeton y música electrónica de poca calidad. Discotecas como FABRIK o MAXIME son puntos de reunión de pokeros finde sí y finde también y, para recordar ese encuentro, se fotografían hasta la saciedad. Dichas imágenes, que terminan copando sus redes sociales, siempre retratan la misma pose: agachadas para mostrar su escote al fotógrafo y con los labios fruncidos.

En cuanto a redes sociales, es casi imposible que encuentres a un cani en Twitter: no sabría qué decir, más que “SI ER NENEH TE VASHILA, TU TE CALLA Y LO ASIMILASH”  o patadas al diccionario semejantes. Poco a poco llegan a Facebook pero su territorio es, y si Dios quiere será para siempre, Tuenti.

Montando bronca allá donde van, los chonis no pasan desapercibidos y, desgraciadamente, tienen más visibilidad que nunca. Si bien aquí desentrañamos las claves de su estilo, no generalizamos ni humillamos a la gente que elige esta forma de vestir, pues puede que no adopten todos los preceptos de su forma de vida. Una cosa no implica la otra, aunque casi siempre van de la mano.

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2 pensamientos en “Vol. III: SHOS CHONIS

  1. Pingback: Mi Eurovisión 2013: muchas nueces pero poca música | El volumen de la armonía

  2. Pingback: The Species of Madrid | Escrito por Coquito

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